¿Existe la casa feminista? Así son las viviendas con perspectiva de género

Se basa en un conjunto de recomendaciones para la integración de aspectos relevantes de la "arquitectura feminista".
Foto ilustrativa: Dmitry Zvolskiy / Pexels

Quizá nunca te lo hayas planteado, pero puede que alguna vez vivas en una casa feminista, pensada y creada para acabar con las «desigualdades de género y fomentar la conciliación familiar y la corresponsabilidad en los cuidados». Si resides en la Comunidad Valenciana o en Euskadi, las posibilidades aumentan.

Ambas comunidades avanzan en la creación de guías y normas que aborden el diseño de la vivienda desde la perspectiva de género, aportando un conjunto de recomendaciones para la integración de aspectos relevantes de la «arquitectura feminista», que comenzará por las viviendas públicas para acabar impregnando también al sector privado.

¿Qué es una casa feminista?

La respuesta se reduce a sea aquella vivienda que favorezca en la vida cotidiana la tarea de los cuidados y la conciliación familiar y laboral, pero también que proporcione seguridad a las mujeres.

La traducción práctica de esta definición la recogió por primera vez en Europa la Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática del Gobierno Valenciano en una guía de propuestas que se tendrán en cuenta en los procesos de licitación de proyectos piloto de vivienda pública.

Sin embargo, se extenderá a todo el sector aportando directrices, sugerencias y recomendaciones. En el caso de Euskadi, muchas de estas recomendaciones estarán reflejadas en el Decreto de Habitabilidad que pule su gobierno y que será de obligado cumplimiento.

En esta guía, elaborada por la directora de la Cátedra Unesco de Género de la Politècnica de Madrid, Inés Sánchez de Madariaga, y la profesora de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de la Politècnica de València, Inés Novella, se recogen una serie de estándares que dan pistas.

«No es una lista de recetas, pero sí pretendemos cambiar la mirada y aplicar la perspectiva de género. La arquitectura es un ladrillo más en la pared del feminismo», explica Novella, que no cree que adaptar las viviendas a esta mirada femenina sea condicionar que el papel de la mujer como cuidadora.

«Vamos a hacia la corresponsabilidad, pero la incorporación de los hombres a los cuidados va mucho más lenta que la de la mujer al trabajo. Estadísticamente, aún en 2022, es una tarea de las mujeres y lo que pretendemos es apoyar esa realidad femenina, apoyar a las mujeres en su vida cotidiana. El objetivo es ponerlo todo más fácil al cuidador, sea mujer u hombre, y a los cuidados«, resalta.

Estructura de una casa feminista

Una vivienda feminista, como principio, debe estar adaptada al modelo de cada familia, a su actividad, sobre todo con el aterrizaje del teletrabajo. Además, debe estar preparada para adecuarse y dar respuesta a sus necesidades en las distintas fases de la vida.

Es por ello, que los dormitorios deberían tener de 10 a 12 m² y ser todos similares, para no crear jerarquías y favorecer que un día puedan ser compartidas o cambiar de uso. Por eso ninguno debería tener baño integrado. En los aseos debe primar que puedan ser usados al tiempo por más de una persona, aislando el inodoro. Y al menos uno de la casa, deberá ser plenamente accesible.

Otro aspecto importante es que tengan luz y ventilación natural.

La cocina ya no se concibe como un espacio aislado del resto de la zona de día, se recomienda su conexión con el comedor, espacial o visualmente para permitir la interrelación.

Por otro lado, nada de orientaciones a patios interiores sin luz natural. Debería tener menos al menos siete metros cuadrados, con tres lineales de bancada, y una buena capacidad de almacenaje alineado. Pero lo esencial es que pueda ser utilizada de forma simultánea por más de una persona.

Arquitectura feminista

La arquitectura feminista, y esta guía, ponen especial atención en dignificar una tarea: lavar la ropa.

Una casa feminista tiene que tener un espacio de al menos tres metros cuadrados para ubicar la lavadora, secadora, tabla de planchar o ropa sucia. Además, accesible y conectado con el espacio exterior, sin tendederos semiocultos y de difícil acceso.

A estas recomendaciones se suman el espacio de almacenaje, de 1,5 metros por persona, aperturas generosas a la fachada, para facilitar la luz y la ventilación cruzada. Además, terrazas o balcones de 1,20 metros que permitan realizar actividades al aire libre.

Esta es una de las cuestiones más reivindicadas en la pandemia y que llevó a la Generalitat a fijarse como objetivo a cumplir en seis meses la edición de este manual.

«Nos ha demostrado hasta qué punto la calidad y características arquitectónicas de la vivienda pueden llegar a condicionar la calidad de vida y dio visibilidad a muchas desigualdades que con esta perspectiva potencian la solución», recuerda el vicepresidente tercero y conseller de Vivienda, Héctor Illueca.

Espacios comunes con seguridad

La guía también hace referencia a las zonas comunes, que también deben tener en cuenta el elemento de seguridad.

«Esto sí que afecta especialmente a las mujeres. Ante el incremento de la violencia que necesitan protección en el entorno construido para eliminar la percepción del riesgo», asegura la arquitecta.

Eso pasa por zaguanes sin rincones ni escondites, con luz natural y puertas acristaladas. A la lista se suman los garajes con lucernarios o comunicación entre viviendas a modo de corrala, con pasillos abiertos.

Leído en: El Mundo

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