Ciudades inteligentes: ¿un camino para lograr la sostenibilidad urbana?

No es extraño que la mejora de la calidad de vida en las ciudades sea un debate que está sobre la mesa.
ciudades inteligentes
El objetivo de las ciudades inteligentes es mejorar la vida de las personas que habitan en ese espacio. Foto: Pat Whelen/Unsplash

El concepto smart city o ciudades inteligentes, es uno de esos que, desde hace algunos años, está de moda, como una posible solución a algunos de los retos a los que las sociedades de hoy han de hacer frente.

Y no es extraño que, en un mundo cada vez más global y, sobre todo urbano (más de la mitad de la población mundial se concentra en las ciudades), la mejora de la calidad de vida en las ciudades sea un debate que está sobre la mesa.

Y no es para menos. Si por algo se caracterizan las ciudades, más allá de la alta concentración y densidad de personas en un espacio relativamente pequeño, es el alto consumo de energía, las emisiones de carbono, la contaminación y los contrastes que crean la desigualdad social.

Tanto es así que la lucha contra estas amenazas está entre las principales a las que se quiere hacer frente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, en concreto a través de su Objetivo 11: Lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles.

Y sí, la aplicación de los principios de la ciudad inteligente puede ayudar en este difícil camino.

Las ciudades inteligentes más sostenibles

Ámsterdam
Ámsterdam se considera una de las mejores ciudades inteligentes del mundo en temas de sostenibilidad, según estudios. Foto: Red Morley Hewitt/Unsplash

Los principios de las ciudades inteligentes ya están siendo implantados, en mayor o menor medida, en muchos lugares del mundo.

Es cierto que los países escandinavos, suelen citarse como auténticos referentes en la implantación de medidas para promover la sostenibilidad y la eficiencia.

Pero no son los únicos, y es posible encontrar ejemplos a lo largo y ancho del planeta. Es frecuente la publicación de informes e índices que miden y valoran la forma en que muchas ciudades trabajan en esta línea.

Entre ellos, encontramos el Smart City Index Report, elaborado por la Universidad de Yonsei y la Universidad de Cambridge, y The Arcadis Sustainable Cities Index, creado por Arcadis, consultoras en materia de sostenibilidad.

Según el primero, en su edición de 2022, los primeros siete sitios en sostenibilidad los ocupan Ámsterdam, Copenhague, Helsinki, Berlin, London, Dublin y Seúl, con la primera ciudad española, Barcelona, en el décimo puesto.

En cambio, para el informe de Arcadis, el ranking está liderado por Oslo, París, Estocolmo, Copenhague, Berlín, Londres y Tokio.

Si hablamos de Centroamérica, instituciones como la Fundación Friedrich Naumann han señalado que tienen la posibilidad de dar el paso de convertirse en ciudades inteligentes.

En ambos trabajos se destaca el esfuerzo de estas ciudades, por reducir la contaminación, en especial las emisiones de CO₂, y la inversión en medidas dirigidas a reducir las desigualdades y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Algunas críticas a las ciudades inteligentes

A pesar de los beneficios que se pueden lograr con las ciudades inteligentes, hay algunas voces críticas con ellas.

La mayor parte de ellas refuerzan la posibilidad de que algunas herramientas acabe convirtiéndose en algo más importante que el objetivo último que se pretende lograr (mejorar la vida de las personas).

La enorme cantidad de data que se genera en una’smart city’ puede poner en peligro la seguridad digital de los usuarios.

Otra de las críticas se basa en el enorme tráfico de datos personales que una ciudad inteligente puede generar. El temor, en este sentido, es que la ciudadanía pueda ver en peligro su seguridad o el uso en beneficio propio de terceros.

O, incluso, que las autoridades puedan ejercer un control exhaustivo hasta el punto de poder limitar las libertades individuales.

Sin duda, uno de los retos asociados a la implantación de las ciudades inteligentes será lograr el equilibrio adecuado y, por supuesto, no perder de vista el objetivo de lograr un mundo mejor para todas las personas.

Con información de: El Español/Vicent Selva

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