Cómo llenar de arte una casa sin que parezca un museo

La pareja de Toronto, Alan y Alison Schwartz, enfrentaban algunas transiciones importantes mientras planeaban su próximo hogar. Se estaban mudando de una serie de casas unifamiliares a un apartamento para sus años de nido vacío y estaban repensando el enfoque de su extensa colección de arte. Su desafío era crear un hogar que fuera bueno para su arte de vanguardia, pero cómodo para ellos. ¿Su estrategia? Tomarlo con calma, permitiendo que el arte y la decoración se fusionen en un estilo de vida.

La pareja pagó US$3,7 millones en 2011 por dos unidades en un nuevo edificio residencial de poca altura en el barrio de Yorkville, en el centro de Toronto. Luego gastaron US$600 mil durante los siguientes años para combinar los dos apartamentos en un dúplex de 418 m² con dos dormitorios y 2,5 baños. Se mudaron a la casa terminada en el verano de 2017, pero continuaron ajustándose y reorganizándose durante tres años más, colocando piezas de arte clave en su lugar solo el año pasado.

“Cada habitación ahora se siente bien para nosotros”, dice Alan Schwartz, director gerente de Studio TLA, una firma de diseño y arquitectura paisajista con oficinas en Toronto y Dallas.

La planta baja de la casa tiene un plan abierto, fusionando un comedor formal con la sala de estar. Foto: Jennifer Roberts/WSJ

Cuando la pareja tomó la decisión de comprar basándose únicamente en los planos del proyecto planificado, el desarrollador sugirió combinar dos unidades en el mismo piso. Entretenedores frecuentes, optaron, en cambio, por dos unidades apiladas, lo que les permitió guardar el dormitorio principal y la habitación de invitados, y su privacidad, para el piso de arriba.

Trabajando con Roundabout Studio de Toronto, la pareja optó por una planta baja abierta, creando una sala de estar con diferentes áreas para sentarse, un comedor formal y una cocina parcialmente oculta. Los dos niveles están conectados por una elegante escalera de vidrio y hormigón.

Buscando un fondo tenue para su arte y una sensación de tranquilidad para ellos mismos, la pareja quería lo que llamaron la misma paleta en gran parte de la casa, lo que significó repetir materiales en diferentes entornos. El hormigón de la escalera aparece de nuevo en la isla de la cocina y como repisa de la chimenea de la sala de estar.

Una obra del videoartista Arthur Jafa cuelga sobre un gabinete de acero en el nivel inferior del condominio. Foto: Jennifer Roberts/WSJ

El acero patinado al ácido, también utilizado en la chimenea, reaparece como base de la isla de la cocina y en el estudio de la planta baja, donde se utiliza como panel retráctil para ocultar un televisor.

Diferentes direcciones del arte

La nueva dirección en su colección de arte comenzó en el momento de la compra de las dos unidades en 2011. Comenzaron en la década de 1980 con el arte canadiense, luego se volcaron al arte internacional basado en fotografías en la década de 1990, acumulando obras de figuras como el alemán Andreas Gursky y el propio Jeff Wall de Canadá, quienes desde entonces han ganado reconocimiento.

Luego, a principios de la década de 2000, cambiaron de rumbo e invirtieron más en pintores alemanes, como Martin Kippenberger, ahora uno de los artistas contemporáneos más caros en subasta.

Cuando comenzaron a planificar su nueva casa en Yorkville, habían pasado a obras de mujeres y artistas de color, y su colección ahora incluye piezas de la escultora Simone Leigh y el artista estadounidense nacido en Kenia Wangechi Mutu.

A diferencia de muchos coleccionistas importantes, que a menudo dejan obras almacenadas, los Schwartz creen en vivir con su arte, donando o vendiendo categorías que ya no coleccionan activamente. Un vestigio de su primera fase de arte fotográfico, un autorretrato de la artista estadounidense Cindy Sherman, tiene un lugar de honor en el segundo piso.

Los Schwartz comenzaron a coleccionar arte en la década de 1980. Foto: Jennifer Roberts/WSJ

La pareja tuvo algunos comienzos en falso. Inicialmente, consideraron pisos de concreto, adecuados para una galería de arte, pero en su lugar optaron por roble aceitado de tablones anchos, que sugiere madera de granero.

La casa tiene una fachada de vidrio orientada al sur, lo que permite vistas de la ciudad. Pero todo ese vidrio, combinado con el plan abierto, significa una marcada reducción en las áreas donde se puede exhibir el arte.

El director de diseño de Roundabout, Daniel Harland, y su equipo idearon una solución al agregar áreas de exhibición en todas partes. Fuera del comedor, eligieron un pilar de carga como ancla para un panel enlucido, donde la pareja ahora tiene una obra de 2017 de Adam Pendleton, un joven artista conceptual afroamericano.

Se creó otra oportunidad de exhibición en la sala de estar al extender el hogar de la chimenea, que se ha convertido en el lugar para una obra de Leigh. Otro trabajo del artista, un busto de piedra vidriada de color cobalto comprado el año pasado, se exhibe de manera prominente en la extensión de la isla de la cocina.

Un panel del piso inferior muestra una pintura del artista estadounidense Adam Pendleton. Foto: Jennifer Roberts/WSJ

Toronto, mercado inmobiliario de lujo

Los Schwartz tienen talento para anticipar los giros y vueltas del mundo del arte, y su decisión de comprar un condominio en el centro ha demostrado ser una buena inversión. Toronto en sí es uno de los mercados inmobiliarios de lujo más populares del mundo.

En el índice Prime Global Cities más reciente de Knight Frank, que rastrea los precios del lujo urbano, Toronto experimentó aumentos de más del 20 % entre los terceros trimestres de 2020 y 2021, el quinto más fuerte del mundo, según el estudio.

Paul Maranger, ejecutivo de ventas de Sotheby’s International Realty Canada (en inglés), dice que los complejos de condominios de lujo nuevos y recientes como el de los Schwartz, especialmente los de Yorkville, tienen un promedio de hasta US$1.881 por pie cuadrado. En un mercado marcado por una drástica escasez de oferta, los propietarios están dispuestos a invertir en proyectos a cuatro o cinco años de su finalización, añade.

Los Schwartz, que visitan con frecuencia la ciudad de Nueva York para ver arte, están en Yorkville por largo plazo. Y aunque todavía están en la misma fase de recolección, están preparados para lo que podría venir después con un sistema de iluminación adaptable, ideado por Roundabout, que debería ser adecuado para todo tipo de arte. “En un mundo como el nuestro”, dice Schwartz sobre su vocación de coleccionista, “las cosas cambian”.

Con licencia de nuestro socio WSJ.
Este artículo fue traducido del inglés por Noris Argotte Soto para República Inmobiliaria.

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