Las “favelas” de Chile aumentan por el covid y la crisis habitacional

Dos mujeres caminan con un niño en una de las calles de la favela (campamento) Felipe Camiroaga el 30 de abril de 2021, en la ciudad de Viña del Mar (Chile). Foto: Alberto Valdés / EFE

“Aquí hay más de 900 familias y cada una de ellas tiene una historia ¿o usted cree que vinimos aquí por gusto?”, dice Verónica Villegas, de 58 años, dirigente de unos de los asentamientos informales (favela) más grandes de Chile. Pasó de albergar a 47 mil 050 familias en 2019 a 81mil 643 en la actualidad, proceso agravado por el covid.

El incremento es de un 74%, según el Catastro Nacional del pasado mes de marzo. La cifra que contrasta con el aumento, también de un 74 %, que experimentó la riqueza de las ocho fortunas más grandes de Chile, acumulando más de US$40 mil 300 millones de dólares.

Verónica encuentra estas diferencias “escandalosas” y ha sido testigo directa de cómo al Campamento Felipe Camiroaga cada día llegan más personas en busca de futuro, ampliando una vivienda o levantando otra entre las quebradas de Viña del Mar, a 122 kilómetros de la capital chilena.

Sin servicios básicos

La economía chilena ha sido duramente golpeada por la crisis sanitaria. Según cifras del Banco Mundial, 2,3 millones de personas pasaron de la clase media a condiciones de pobreza.

Verónica, que se encuentra sin empleo desde hace más de un año, dice no haber recibido ayudas fiscales. “Es que no califico”, explica, refiriéndose a los requisitos establecidos por el Gobierno para acceder a los bonos.

Los campamentos, conocidos en otros países como “villas miseria”, “ciudades perdidas” o “favelas”, se ubican generalmente en zonas apartadas. Están junto a basurales, líneas de ferrocarril, autopistas o desfiladeros. Además, sufren la falta de al menos uno de los tres servicios básicos: alcantarillado formal, luz eléctrica o agua potable.

Ellos, asegura Sebastián Bowen, director ejecutivo de la Fundación Techo y Fundación Vivienda, son la punta del iceberg de un problema mucho más complejo, siendo “el acceso a la vivienda la enfermedad más dolorosa, sigilosa y dramática que tenemos en Chile”.

Una “fiebre” que aumenta

De 2011 en adelante, cuando la cantidad de campamentos registraba 20 años de descenso sostenido, algo cambió. Cada año cerca de tres mil familias pasaban a habitar estos asentamientos.

Pero después de 2019, luego del estallido social que sacudió gravemente al país y la llegada del covid-19, las cifras se dispararon.  “Favela” tras “favela”, los campamentos aumentaron en un 20,8% y creció el número de familias viviendo en ellos. Son más de 57 mil niños menores de 14 años entre sus miembros.

Bowen comenta que un factor común que se encuentra analizando los datos. “Tres de cada cuatro familias que llegan a vivir en una ‘favela’ antes vivían otro tipo de exclusión habitacional, ya sea como allegados, hacinados o con arriendo informal, entre otras formas”.

Fotografía tomada con un drone que muestra una vista aérea de la favela (campamento) Felipe Camiroaga, en Viña del Mar (Chile). Foto: Alberto Valdés / EFE

Además, agrega, “el 30% de las familias declara que su razón para llegar allí es un aumento en el precio del arriendo, que no podían pagar”, situación “muy relacionada con el aumento en el precio del suelo en Chile que se ha duplicado en 15 años”.

Hay un vínculo entre la población en ‘favelas’ y la población que vive en condiciones de exclusión habitacional en la ciudad. El campamento nos está mostrando un síntoma, es una fiebre y desde 2011 la fiebre está aumentando”, señala Bowen.

La enfermedad silenciosa

“Chile está mal”, dice María Tapia, de 58 años, dirigente del Campamento Manuel Bustos, que junto con Valparaíso son las comunas con mayor concentración de asentamientos informales.

Nosotros somos invisibles, no se mira a los cerros de esta ciudad, y en todos lados el déficit habitacional es terrible”, afirma María.

Bowen coincide. Los campamentos, asegura, “son la punta de ese gran iceberg que se refleja en el déficit habitacional que hoy afecta aproximadamente a 600 mil familias”, es decir, al 10 % de los hogares de la población chilena.

Perros callejeros descansan en una de las calles de la favela Felipe Camiroaga. Foto: Alberto Valdés / EFE

Por su parte, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Felipe Ward, señaló a la prensa local que se trabaja en la creación de un banco de suelos, “todo el suelo público que no está siendo utilizado y que tiene aptitud para vivienda“.

A fines de 2020, Chile se situó como el tercer país con mayor pérdida de empleos en el mundo, solo tras Perú y Costa Rica.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, al primer semestre de este año la tasa de desempleo en Chile se ubicó en el 10,3 %, mientras la segunda ola de la pandemia suma a diario más de 4 mil 800 casos y los fallecidos ascienden a más de 26 mil.

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