¿Cuándo es momento de preocuparnos por fisuras o grietas en la pared?

Hay diferentes tipos de fisuras, en función de qué causa la haya provocado, aunque todas ellas afectan a la salubridad del edificio.

Las grietas y las fisuras son muy comunes en el edificio. Tanto que apenas uno de cada 100 se libra de tener este tipo de problemas en las fachadas.

A pesar de que aparecen con frecuencia, pueden afectar al envejecimiento prematuro de los edificios y provocar desde filtración de humedades hasta la pérdida innecesaria de energía.

Pero, ¿cómo saber si una grieta es grave? En líneas generales, los expertos aseguran que las más gruesas, profundas y que vayan ganando tamaño son las que más deben vigilarse y hacernos extremar las precauciones.

Según la Propamsa, especializada en sistemas de construcción saludables, la aparición de fisuras o grietas es uno de los problemas más habituales y que más preocupa. Prácticamente la totalidad de edificios las padece. “Más aún, si estas grietas afectan a la fachada, la parte más visible y expuesta al exterior”, señalan.

Las fisuras leves deben repararse para evitar males mayores y mantener la estabilidad del edificio.

Hay diferentes tipos de fisuras, en función de qué causa la haya provocado, aunque todas ellas afectan a la salubridad del edificio.

Son vías de entrada de humedad que pueden penetrar en el interior de las viviendas provocando pérdidas energéticas desagradables. Incluso problemas más graves en la estructura”, alerta la compañía española.

Las fisuras más y menos peligrosas

Según Propamsa, las fisuras más peligrosas que pueden aparecer en las fachadas de los edificios son las estructurales.

Surgen de forma vertical, horizontal o dibujando estrías, suelen ser las más profundas y atravesar diferentes capas de las que se compone el muro del edificio.

“Estas pueden deberse a movimientos en la estructura. En estos casos, siempre deberán ser diagnosticadas por un técnico y verificar si están estabilizadas o no antes de su correcta reparación“, aclara la compañía.

En un segundo nivel de importancia estarían las grietas que se producen por la dilatación de los diferentes materiales que componen una edificación. Por ejemplo por los cambios de humedad o de temperatura.

“Estas pueden aparecer de manera oblicua en huecos de puertas y ventanas, así como también de manera longitudinal o vertical en los vértices de encuentros de columnas”, afirma Propamsa.

Las más leves y superficiales, de retracción o cuarteamientosolo afectan al revestimiento y que pueden estar vinculadas a causas como unas temperaturas elevadas. A pesar de no suponer un gran riesgo, deben repararse para evitar males mayores y mantener la estabilidad del edificio.

Todas las fisuras y grietas en mayor o menor medida son peligrosas.

Soluciones al problema

Todas las fisuras y grietas en mayor o menor medida son peligrosas por la penetración de humedad al interior y por las perdidas energéticas que producen. La buena noticia es que, sea cual sea el problema, existen todo tipo de soluciones.

No obstante, hay que considerar que existen soluciones integrales y sostenibles que devuelven a las fachadas un aspecto saludable. “Así, consiguen detener su envejecimiento y prolongar su vida útil. Además, brindan un lavado de imagen que también afectará a su revalorización“, aclaran desde Propamsa.

Entre ellas está la posibilidad de picar la fachada o instalar un sistema de aislamiento técnico por el exterior (SATE) para evitar la fuga de energía.

En el caso de que no haya que mejorar la capacidad aislante del inmueble, también sistemas sencillos para reparar fisuras, y evitar que vuelvan a salir. En este caso el arreglo sería cuestión de días y supone un ahorro, ya que no requiere picar la fachada y, por tanto, no es necesario retirar escombros.

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