Las lecciones financieras que dejó el covid a quienes regresaron a casa de sus padres

Innumerables adultos jóvenes se han mudado a casa de sus padres durante la pandemia de covid-19. Al principio, era principalmente una buena manera de navegar por los cierres por cuarentena, pasar tiempo con la familia y ahorrar dinero. Pero para muchos padres e hijos, resultó ser algo más: una oportunidad para que ambos aprendieran algunas lecciones financieras importantes.

La pandemia, al parecer, fue un telón de fondo ideal para que las familias pusieran sus finanzas bajo el microscopio y aprendieran unos de otros mientras se adaptaban a vivir bajo el mismo techo nuevamente. Los padres y sus hijos adultos pudieron retomar los buenos hábitos financieros del otro y dejar los malos. Y la experiencia también ayudó a algunos adultos jóvenes a reconsiderar sus metas financieras.

“Tenemos una tendencia a pensar más en el futuro cuando nos enfrentamos a un factor estresante”, dice Brad Kontz, psicólogo financiero y profesor de la Universidad de Creighton. La creciente apertura de los adultos jóvenes a hablar de finanzas con sus padres y compañeros, dice, refleja una especie de respuesta tribal en la gente al estrés de la pandemia.

A continuación, se muestra lo que los hijos adultos y los padres de tres familias aprendieron sobre el dinero, y sobre ellos mismos, durante el tiempo que pasaron juntos por la pandemia.

Una fecha límite para mudarse

Cuando la pandemia obligó a Hannah Frohling, de 23 años, a mudarse a la casa de sus padres en Southampton, Nueva York, en marzo de 2020 para terminar su último semestre de la universidad de forma remota, el reloj financiero comenzó a correr.

Mientras los padres de  Frohling, Jennifer Schlueter y Matthew Frohling, se preparaban para mudarse a su casa de invierno en Florida durante el otoño de 2020, le dijeron que tendría que comenzar a ayudar a mantener el hogar en su ausencia. Eso significó pagos mensuales de US$ 500 en alquiler y US$250 por el uso del automóvil familiar. 

También establecieron una fecha límite del Día de los Caídos en 2022 (30 de mayo) para que ella estuviera fuera de la casa. Schlueter dice que quería brindarle a su hija un “aterrizaje suave” después de la experiencia discordante de graduarse en medio de una pandemia. Pero también quería que hiciera la transición para vivir de forma independiente, de ahí la fecha límite para mudarse.

Frohling consiguió dos trabajos de mesera y finalmente comenzó a apoyarse en las lecciones de ahorro que escuchó de sus padres mientras crecía.

Tiene dos fuentes de ingresos: propinas en efectivo y un cheque de pago regular que incluye su tarifa por hora y propinas de tarjetas de crédito. Coloca las propinas en efectivo en una cuenta de ahorros y divide el cheque de pago entre una cuenta corriente y una cuenta de inversión vinculada a un fondo índice S&P 500. Ha ahorrado casi US$10.000 desde que se mudó a casa y comenzó a buscar apartamentos para alquilar en Long Island.

Ahorrar y administrar dinero no siempre ha sido fácil para Frohling. Mientras aún estaba en la universidad, recibió una asignación de sus padres al comienzo de cada semestre. “Como estudiante de primer año, simplemente lo arruinaría en los primeros dos meses”, dice ella. Sus padres, que trabajan en finanzas, la sentaron y la ayudaron a presupuestar su mesada describiendo las necesidades y los lujos en sus hábitos de gasto.

Pero son los últimos 18 meses en casa, y la proximidad con sus padres, lo que le permitió a Frohling ser más proactiva con sus ahorros e inversiones y poner todas esas lecciones en práctica.

Dice que muchas de sus conversaciones sobre dinero ocurren en viajes familiares por carretera. Su padre la ayuda a mantenerse al tanto de las últimas tendencias en inversión y su madre comparte estrategias sobre cómo Frohling puede aumentar sus ahorros y continuar construyendo una base para la eventual mudanza de la casa familiar.

Frohling incluso lo está retribuyendo al compartir estos consejos con sus compañeros de trabajo y alentar a algunos de ellos a abrir sus propias cuentas de inversión.

Más que hablar o un mensaje de texto

Hannah Frohling, quien actualmente tiene dos trabajos de mesera, ha ahorrado US$10.000 desde que se mudó a casa. Foto: Joe Carrota

“La lección que queremos que aprenda es que puede hacerlo”, dice la señora Schlueter. Agrega que vivir juntos durante la pandemia le ha dado la oportunidad de contextualizar el conocimiento financiero que comparte con su hija, en lugar de simplemente hablar el teléfono o por mensaje de texto. Eso incluye discutir los gastos que Frohling tendrá después de salir de casa, como el seguro médico y del automóvil.

Frohling dice que, aunque a menudo siente que sus padres la regañan por cuánto está ahorrando, al final sabe que es lo mejor. “No quieren que me vaya de bruces cuando me mude de aquí”.

Rompiendo el tabú del dinero

En noviembre de 2020, Rogelio Meza, de 27 años, dejó su apartamento de US$1.500 al mes en Austin, Texas, y se mudó a la casa de sus padres en Laredo.

Esa movida, dice Meza, quien trabaja para una compañía de energía solar, lo ayudó a ahorrar dinero y trabajar para lograr su objetivo de convertirse en propietario de una casa. También le permitió ayudar a sus padres, que estaban luchando por las tensiones financieras de la pandemia.

Cuando ocurrió la pandemia, su madre, Eudoxia Meza, que trabaja como cocinera, vio cómo sus horas se reducían a la mitad. Su padre, Juan Meza, está discapacitado y no puede trabajar. Desde que se mudó con sus padres, el joven Meza ha ayudado con las cuentas de alimentos y servicios públicos, pagando alrededor de US$700 al mes, lo que aún le permite guardar dinero para el pago inicial de la casa.

Mientras crecía, dice Meza, su familia nunca habló de dinero. “Nadie me enseñó realmente cómo ahorrar, nadie me enseñó sobre opciones sobre acciones o cuentas de inversión, préstamos buenos o malos”. Confió en amigos que trabajaban en finanza y las conversaciones lo ayudaron a comprender mejor a dónde iba su dinero. Ahora, dice, compartió estos conocimientos a sus padres.

Conversación franca sobre dinero

Un día, cuando llegó por correo una factura de servicios públicos inusualmente grande y atrasada, Meza la convirtió en una oportunidad para comenzar a compartir sus conocimientos financieros con su familia.

“Yo me quedé como, ‘Está bien, hablemos de eso’”, dice, describiendo lo que se convirtió en la primera de muchas conversaciones francas sobre el dinero con sus padres.

De hecho, después de ese intercambio inicial, básicamente se convirtió en el asesor financiero de la familia. Meza ayudó a sus padres a calcular cuánto gastaban en víveres y cuánto realmente necesitaban pagar cada mes.

También descubrió que tenían US$ 3.000 en deudas de tarjetas de crédito y les aconsejó que usaran su dinero de estímulo para pagarlo agresivamente. Al utilizar una combinación del salario de su madre, los pagos directos del estímulo y las prestaciones por desempleo, pudieron pagar sus facturas de servicios públicos y la deuda de la tarjeta de crédito en cuestión de semanas.

A continuación, Meza abrió una cuenta de ahorros para su madre y le aconsejó que pusiera el 20% de su cheque de pago en la cuenta en el futuro. También planea ayudar a sus padres a abrir una cuenta de inversión y enseñarles cómo hacer crecer su dinero con el tiempo.

Poder pagar su deuda les dio a sus padres un nuevo punto de partida, dice.

Regresar a Laredo, Texas, le ha permitido a Rogelio Meza compartir su conocimiento financiero con sus padres, Eudoxia Meza y Juan Meza. Foto: Rogelio Meza

Meza también aprendió algunas cosas durante su estadía en casa. El tiempo que ha pasado con sus padres le abrió los ojos a lo poco que necesita para ser feliz.

Antes de volver a vivir con su madre y su padre, por ejemplo, solía pedir comida para llevar para el almuerzo y la cena. Pero las comidas caseras que ha disfrutado en casa, dice, lo han motivado a comenzar a cocinar para sí mismo.

En cuanto a sus padres, dicen que hablar de dinero ya no es un tabú en su familia y que seguirán pidiendo consejo financiero a su hijo. Planea mudarse de regreso a Austin en noviembre y completar la compra de un apartamento en la ciudad en para esa época.

Una nueva perspectiva

Edgar Mendoza estaba viviendo la buena vida en Chicago. El hombre de 41 años pagaba un alquiler de casi US$3.000 al mes por un apartamento en el centro. Con frecuencia iba a cenar a resturantes y tenía asientos en la cancha en los juegos de baloncesto.

Pero cuando comenzaron los encierros, limitando sus actividades y sus gastos, comenzó a reevaluar sus hábitos. “Lo que el covid-19 me enseñó es que no, no necesito todo eso”, dice Mendoza, quien trabaja en ventas e invierte en nuevas empresas.

En enero, empacó sus pertenencias y se mudó a McAllister, Montana, para vivir con su madre y su padrastro. Y no planea irse pronto.

Vivir en Montana con su familia, reforzó el estilo de vida frugal con el que creció. Cuando era pequeño, dice, su madre, María Platt, solía decirle que “cuidara sus centavos”. Ahora, ahorra su dinero y lo invierte en lugares donde puede crecer.

Platt dice que está orgullosa del progreso que ha visto en su hijo y cómo él adoptó las lecciones que ella le enseñó. La familia prepara las comidas juntas y rara vez salen a comer. Mendoza dice que no piden que pague el alquiler, pero que compra todos los alimentos.

Pensar en la jubilación

“Ha cambiado mucho”, dice la señora Pratt de su hijo. “Solía ​​gastar dinero como loco. Hablaba con él y él me decía: ‘Mamá, tienes razón en esto y tienes razón en eso’”. Ahora, en su opinión, él está motivado para apoyar a la familia a largo plazo, y eso lo ha impulsado para reenfocar sus hábitos de gasto.

Mendoza dice que ver a su madre llegar a casa agotada del trabajo y tener que presupuestar sus beneficios del Seguro Social le ha hecho ver su futuro financiero bajo una nueva luz. Lo ha obligado a pensar de manera más realista sobre cómo podría ser la jubilación. “Cuando ves eso en alguien que amas (…) te golpea mucho más fuerte”, dice. “No quiero que ese sea mi caso”.

La señora Pratt dice que su hijo todavía tiene trabajo que hacer en sus hábitos financieros. A veces puede derrochar en sus compras y olvidarse de la comida que ya está en el refrigerador familiar, dice ella. También le gustaría verlo aprender a cocinar.

“Le dije que, si gana mucho dinero, ahorre”, afirma. “No voy a estar aquí para siempre”.

* Taylor Nakagawa es un productor de interacción con la audiencia para The Wall Street Journal en Nueva York.

Con licencia de nuestro socio WSJ.
Este artículo fue traducido del inglés por Noris Argotte Soto para República Inmobiliaria.

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