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El mercado de oficinas ante el COVID-19 y el teletrabajo

Braulio Palacios

Por: José Barta*

La actual pandemia que sufrimos (los expertos alertan sobre futuras pandemias, consecuencia indeseada de un mundo globalizado) está precipitando paradigmas de trabajo ya existentes, pero con desarrollo lento, hasta esta crisis, debido a las incertidumbres sobre su incidencia en la productividad de las empresas en el corto plazo.

Hoy deseo hablar del teletrabajo o trabajo online. El confinamiento al que obliga la Fase I de la lucha contra el COVID-19, ha forzado a desplazar numerosas actividades profesionales a los hogares de los trabajadores.

Desde trabajos exclusivamente administrativos, pasando por trabajos de análisis, investigación, alta dirección, hasta miembros de Comités de Dirección y consejeros. A la fuerza ahorcan, que dice el refranero español.

Que yo tenga memoria, estudios solventes sobre trabajo online y productividad, se vienen publicando desde 2015, cuando apareció en el Quarterly Journal of Economics, el resultado de un experimento chino.

A este le han ido sucediendo otros muchos. Las conclusiones no son muy satisfactorias, si bien la mayoría se pueden ubicar en el ámbito de las actitudes, más que en las aptitudes, de los participantes en los mismos.

Principales inconvenientes

Los principales inconvenientes que han cuestionado el trabajo online, en cuanto a su aportación a la mejora de la productividad de las empresas, han sido:

1. Desconocimiento y falta de familiarización con el uso de la tecnología precisa.

2. Desconfianza en la confidencialidad de los trabajos y videoconferencias (problemas de ciberseguridad).

3. Mayor lentitud en la respuesta a consultas/dudas/dificultades surgidas que en el trabajo presencial (necesidad de contacto rápido con compañero o con supervisor).

4. Dificultades físicas y ambientales en el hogar (falta de un espacio adecuado para el trabajo e interrupciones por presencia de niños).

En definitiva, todos ellos son inconvenientes salvables con práctica (1º), mejoras tecnológicas (2º y 3º), guarderías y colegios y apoyo ofimático experto (4º).

Si bien es cierto que el trabajo, al cambiar el paradigma (se sustituye el tiempo de presencia por objetivos concretos) exige cambios en los procesos y protocolos.

Nuestra actual experiencia de confinamiento nos está familiarizando con la compartición de documentos, así como con las videoconferencias rápidas. Sin solución de continuidad, que es la mejor manera de introducir cambios en la cultura empresarial.

Descubrimientos

Desde mi experiencia, los afectados pronto descubrirán el ahorro de gastos de desplazamiento y “cafecitos”, la mejora en la calidad de vida por ahorro de tiempo y reducción de riesgos de accidentes en desplazamientos.

Por su parte, las empresas descubrirán fallos en la planificación de los trabajos y en la coordinación entre personas, y entre departamentos, generadores de los mayores costes de las empresas, que quizás vengan arrastrando desde tiempo inmemorial, pero carecían de instrumentos para su detección. La productividad se incrementará necesariamente en la medida en que apliquen soluciones.

Mercado de oficinas

Por su parte la sociedad reducirá sus costes en recuperación del medioambiente, en mantenimiento de infraestructuras, en dependencia de combustibles fósiles.

Con todo lo anterior no afirmo que el trabajo online reemplazará al presencial. Primero porque no todos los trabajos son susceptibles de ello, como los de mantenimiento de inmuebles y mobiliario, o los de técnicos de laboratorio, etc. Segundo porque la formación de equipos exige contactos presenciales periódicos (no somos cyber).

De lo que no tengo duda es que el proceso de incorporación del trabajo online a la cultura de las empresas se precipitará a raíz del COVID-19, reflejándose a medio y largo plazo en la demanda de espacios para oficinas (también de viviendas, algo que desarrollaré en otro artículo), elevando las exigencias tecnológicas de las mismas y reduciendo sus ratios de dimensión actual.

Esto dará lugar a la salida del mercado de oficinas de aquellos inmuebles que no sean capaces de acoger lo nuevos requerimientos tecnológicos y organizativos de sus usuarios, así como a una caída, difícil de cuantificar hoy, de la ocupación del parque de oficinas.

A las mesas calientes y a los coworking se les acaba de unir el trabajo online desde casa, que ha llegado para no marcharse, transformando el mercado inmobiliario de oficinas.

* José Barta es experto en Estrategia de Mercados y en Gobierno Corporativo. Alertó, en el año 90, de la caída del mercado inmobiliario del 92′ y, en el 2008, de la gravedad de la nueva crisis, acuñando la expresión “Tormenta perfecta”.

Leído en: idealista.com

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