Movilidad inteligente en Europa: ¿es buen momento para invertir en ella?

Deutsche Bank asegura que la movilidad inteligente es una realidad “imparable” que, una vez despejadas las incógnitas, se acelerará.
El sector de la 'Smart Mobility' alcanzará un volumen de negocio a nivel global de US$91.000 millones en 2026. Imagen: TyN Magazine

En el último año y medio, las nuevas formas de movilidad se han ido abriendo paso a un ritmo acelerado. El objetivo europeo ya está establecido: reducir a cero las emisiones contaminantes de cara a 2050. Para alcanzarlo, la Comisión Europea aprobó la Estrategia de Movilidad Sostenible e Inteligente y un esfuerzo económico de 300.000 millones de euros en la próxima década.

En concreto, habrá que poner en circulación 30 millones de vehículos eléctricos, construir en menos de cuatro años la mitad del millar de estaciones de hidrógeno necesarias e instalar uno de los tres millones de puntos públicos de recarga.

Diego Jiménez-Albarracín, Investment Officer Europe en Deutsche Bank, asegura que la movilidad inteligente es una de las áreas con mayores potenciales de crecimiento dentro de la sostenibilidad.

De esta misma opinión es Ramón Alfonso, socio de Norz Patrimonia EAF, que afirma que el sector de la ‘Smart Mobility’ alcanzará un volumen de negocio global de US$91.000 millones en 2026, más del doble que el valor de mercado de 2019, con una tasa de crecimiento del 18,4%.

Como ejemplo, está la evolución del índice Kensho Smart Mobility S&P 500 (línea roja), cuya distancia con el MSCI (blanca), que agrupa a las 1.600 empresas con mayor capitalización bursátil del mundo, se agranda desde junio de 2020.

¿A corto o a largo plazo?

En la transformación del transporte intervienen cuatro grandes mercados:

— Industria automovilística

— Empresas de infraestructuras de carga

— Fabricantes de componentes para vehículos eléctricos

— Compañías tecnológicas.

Alfonso asegura que para los inversores con una visión a medio y largo plazo es un buen momento para invertir, ya que “existen empresas con capacidad para multiplicar varias veces su valor actual, en la medida que su tecnología y productos se incorporen a la vida económica cotidiana”.

Por este motivo, a largo plazo, conforme se acerque la fecha de cero emisiones y la de prohibición de la venta de diesel (2040), el “futuro será infinito”, afirma Jiménez-Albarracín.

Desde Deutsche Bank afirman que se producirá un crecimiento anual de venta de vehículos eléctricos del 30% hasta 2050 en países como España.

Aunque todavía el total de turismos electrificados en la UE está por debajo del millón, en el tercer trimestre las ventas se duplicaron y la demanda se disparó casi un 60%, vendiéndose más de 212.000 unidades, según ACEA. Italia (+122%), Alemania (63%), Francia (35%) y España (22%) son los mercados donde más venta hubo.

Las ventas aumentan, pero ciertamente, a corto plazo queda mucho por hacer. El precio de estos vehículos todavía es más elevado que los de combustión.

En la última década, las baterías se han abaratado un 90% y los fabricantes prevén manufacturarlas por debajo de los US$100 por kilovatio, que es el umbral que hace que el motor eléctrico sea más barato que el de combustión.

En qué sectores invertir

Para la EAF, todos los subsectores dentro de la movilidad inteligente tienen una capacidad de desarrollo “elevada e intensa en los años inmediatos”.

La proyección es enorme en todo lo que rodea a fabricantes de vehículos eléctricos, equipos de producción de ‘software’ para simulación, proveedores de componentes, fabricantes de infraestructuras de carga o cargadores eléctricos, entre otros.

Jiménez-Albarracín apunta además que habrá que hacer grandes inversiones en la red eléctrica y de distribución, y desplegar la infraestructura de recarga.

 

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Es posible que se produzcan alianzas intersectoriales. Por ejemplo, entre empresas energéticas, fabricantes de automóviles, compañías de servicios públicos y proveedores de servicios de red para desarrollar la infraestructura de apoyo al vehículo eléctrico”, señala.

A su juicio, hay algunos ganadores obvios, como los proveedores de sensores y sistemas relacionados con la conectividad, mientras que los fabricantes de componentes centrados en el suministro de piezas para motores de combustión interna tendrán que reinventarse.

Riesgo regulatorio

Si hasta ahora el marco normativo ha sido el que potenció el cambio de vehículo de combustión al eléctrico al limitar las emisiones, prohibir el uso de combustibles fósiles y subsidios a la compra, ahora se abre una incógnita sobre cómo acompañar su desarrollo.

“La Estrategia de Movilidad Inteligente de la UE exige un gran esfuerzo económico y regulatorio, pero existe una gran incertidumbre sobre cómo ejecutarla, en qué plazos y cuál será el impacto final”, según señala un documento elaborado por el Centro de Investigación del Transporte (Transyt) y LLYC.

En estos momentos, los fabricantes tienen muchas posibilidades de cumplir los objetivos de emisiones fijados por los reguladores a corto y medio plazo, según manifiestan desde Roland Berger. No obstante, ¿y a largo plazo?

“La amenaza potencial de límites más estrictos, la evaluación de los datos de consumo real y las mediciones de las emisiones significan que tanto los fabricantes como los proveedores deben pensar en qué medidas adicionales tomar ahora para mejorar su huella de emisiones”, señala la consultoría.

Las implicaciones regulatorias también entran en juego otros factores como la protección de datos en torno a la conectividad, la ciberseguridad o la conducción autónoma.

“Los retrasos en la aprobación de iniciativas ligadas a la conducción autónoma pueden disminuir el ritmo de investigación. Además, cualquier moratoria en la entrada en vigor de las medidas eléctricas también incidiría en la implantación de los mismos”, advierte Deutsche Bank.

El Banco asegura además que sea como fuere, la movilidad inteligente es una realidad “imparable” que, una vez despejadas las incógnitas, se acelerará.

Leído en: Cotizalia

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