Orlando Capote, el hispano que se resiste a abandonar su casa de Miami

Sobrelleva el ruido, polvo y escombros en la que vivienda de 120 metros cuadrados que compraron sus padres hace 32 años.
"Mi estómago me dice que no venda la casa", dice con firmeza Capote entre los ciegos muros de hormigón que le cercan. Foto: Emilio López / EFE

La lucha de Orlando Capote, un hispano que vive en Florida, parece la de David contra el Goliath. Un megaproyecto de construcción comercial asedia la pequeña casa en que vive y se resiste a abandonar. Su historia desde la ciudad de Coral Globes saltó a los medios, nacionales y extranjeros, y a las redes sociales.

Alguna vez tenía que ocurrir. Alguien, en este caso Capote, se plantó para rechazar cerca de 40 ofertas de compra que le ponían en la mesa compañías inmobiliarias, agentes de bienes raíces y oportunistas para hacerse con su modesta vivienda unifamiliar de dos dormitorios.

La casa de Capote se convirtió en una incómoda presencia para un proyecto de edificación comercial con un presupuesto de US$600 millones, el mayor en la historia de esta ciudad de paseos, apartamentos, tiendas y numerosas construcciones de estilo mediterráneo.

Todas las ofertas que le han hecho, dice con cuidado el calificativo, han sido «deficientes». Foto: Emilio López / EFE

Capote no cede. Se niega a mudarse, pese a vivir literalmente encajonado en un cubo de espacio asfixiante. Todas las ofertas que le han hecho, dice Capote han sido «deficientes». Eran «una trampa, engañosas, llenas de trucos, y ninguna válida», en sus palabras.

Vivir cercado por muros de hormigón

Este ingeniero de profesión que vive solo en la casa desde la muerte de sus padres se muestra decidido a «seguir hasta el fin», pese a la situación de cerco que soporta a diario, con excavadoras, grúas, camiones y equipo pesado haciendo casi imposible el acceso a su vivienda, si no es por un estrecho pasadizo trasero.

Capote sobrelleva los ruidos, polvo y escombros en que consiste el día a día en su vivienda de 120 metros cuadrados en la que el patio es asiento a menudo de plásticos y trozos de aislamiento que caen de los edificios colindantes en construcción.

«En esta casa no me siento solo. Estoy aquí con mis memorias, con los recuerdos de mis padres» y, además, «el lugar más seguro para sobrevivir a la crisis financiera que se avecina es estar en esta casa», dice convencido.

La casa de 120 metros cuadrados la compraron los padres de Orlando Capote en 1989. Foto: Emilio López / EFE

La oferta rechazada

De ese mundo de nostalgia y recuerdos felices forma parte su breve estancia de seis meses en España tras dejar Cuba con sus padres en 1968, siendo un adolescente de 13 años.

«Fueron los mejores seis meses de mi vida. Por una bobería (poco dinero) tomabas una tapa y un chato de vino o una caña de cerveza en un bar», dice mientras evoca sus excursiones a Toledo, el Valle de los Caídos o Aranjuez.

Su semblante afable se le vuelve grave cuando retoma el asunto de la empresa desarrolladora, de la información que circula en los medios de que rechazó una substanciosa oferta de compra, algo que desmiente.

«No me ofreció dinero para comprar la casa. Solo quiso hacer un intercambio de propiedades«, como refleja una carta.

La propuesta consistía en la entrega a Capote de otra vivienda en construcción en el mismo barrio, un automóvil nuevo, el pago de los gastos de traslado, la compra de mobiliario y US$500 mil, además de la construcción de una fuente en el patio en memoria de su padre.

Pero, como indica Capote y se comprueba en la carta, esta no aparece encabezada con el membrete de la compañía. Tampoco lleva el sello de ningún despacho de abogados y no está firmada por un letrado ni notarizada ni enviada por correo regular, ya que fue depositada por un desconocido en el buzón de su vivienda.

Capote dice que su madre llamaba a la vivienda que les ofrecían «la casa de las mentiras», porque, asegura, «la armadura del techo estuvo a la intemperie durante semanas, con hongos grises, antes de cubrirse» y no era fiable.

Un mango que marchita por falta de luz

Capote guarda en casa un sinnúmero de documentos, fotografías, notificaciones, informes, cartas e incluso quejas presentadas al ayuntamiento en las que denuncia desde 2017 violaciones del código de zonificación y de fuegos, de las leyes que limitan la altura máxima de edificios y la distancia.

Pero ninguna de sus quejas prosperó. El ayuntamiento se desentiende. «Cuando me cerraron el acceso a la calle por la entrada principal me quejé a la ciudad y no me hicieron caso», se lamenta.

Su historia es similar a la de muchos hijos de cubanos que emigraron abandonando todo lo que poseían en la isla a EE. UU., tras el triunfo de la revolución castrista en 1959.

El único acceso a la vivienda es un estrecho pasadizo trasero. Foto: Emilio López / EFE

Sus padres trabajaron duro, su madre era maestra y su padre inspector del condado. Tras años de ahorro lograron comprar en 1989 esta casa por US$130 mil en la que ahora el mango del patio marchita, sin fruto, por la falta de luz y aire limpio.

En 2005 falleció su padre y en 2020, su madre. A ambos cuidó en los últimos años de sus vidas con abnegación. La voluntad de ambos, como le expresaron antes de morir, era cuidar la casa como un tesoro familiar.

Mientras su casa siga en pie, Capote dice que no la abandonará. No por aceptar alguna oferta de la que luego tenga que arrepentirse.

«Es mi casa. Es el hogar, donde está mi corazón. Y mi estómago me dice que no venda la casa», dice con firmeza entre los ciegos muros de hormigón que le cercan.

Sobre el desarrollo comercial

Un artículo de News.comau, que dio a conocer la historia de Orlando Capote en Australia, indica, citando un informe local, que la zona de construcción circundante «es el desarrollo comercial más mega en la historia de Coral Gables«.

«The Plaza Coral Gables», desarrollada por Agave Ponce LLC, cuenta con tiendas, restaurantes, residencias, espacio para oficinas y un hotel de lujo de 242 habitaciones.

El desarrollo “tendrá un impacto positivo en la calidad de vida y seguridad de la comunidad a través de la creación de nuevos espacios para cenar, recreación y la promoción de actividades artísticas, culturales y al aire libre”, según el sitio web de The Plaza Coral Gables.

Florida Bulldog, que también retrató la historia de Capote, indica en un artículo que los directores generales de Agave Holdings, grupo al que pertence Agave Ponce LLC, no respondieron a múltiples mensajes telefónicos solicitando comentarios.

Pero la portavoz de la ciudad Coral Gables, Martha Pantin, reconoció que el desarrollador intentó negociar con Capote. «Al señor. A Capote se le ofrecieron alternativas, incluida la compra de su propiedad. Cuando decidió no vender, también se le ofreció la oportunidad de reubicarse durante la construcción, que también rechazó«, dijo.

Con información de: Emilio López / EFE

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