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La necesidad de revertir la falta de una vivienda digna en Guatemala

Irene Rodriguez

Claudia y Álvaro vivían en un asentamiento en la zona 18, víctimas de extorsiones y de inseguridad. Su vida dio un giro de 180 grados cuando encontraron un nuevo proyecto de vivienda social. Se trasladaron de una área considerada “zona roja” a un lugar seguro con acceso a educación, transporte y más seguridad.

Esta historia no es igual para un 1.6 millones de hogares que carecen de vivienda digna. Según datos oficiales, el déficit habitacional aumenta 2% cada año. Hay un incremento anual de 37 mil 547 hogares que se forman y no tienen un lugar dónde vivir.

Esto se suma a que cada año más personas llegan a las principales ciudades del país en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, al poco tiempo descubren la poca capacidad que han tenido los gobiernos en resolver sus necesidades.

Guatemala puede aprovechar el proceso de urbanización para encontrar soluciones que permitan reducir el déficit habitacional y ofrecer vivienda con servicios básicos para una familia.

Asentamientos

Los primeros asentamientos en las áreas urbanas surgieron hace 100 años. Los terremotos de 1917 y 1918, que provocaron una crisis financiera en el país. En el censo realizado por Techo por Guatemala en el 2015, se contabilizaban 157 asentamientos en la capital.

Las personas que viven en los asentamientos se encuentran en casas con condiciones precarias que carecen de características para ser consideradas como vivienda digna. Esta condición se conoce como déficit cualitativo.

No toda la población de bajos ingresos vive en asentamientos, ni todos los habitantes de asentamientos viven bajo la línea de pobreza. En algunos de estos lugares viven personas con ingresos medios.

Este segmento de la población cuenta con ingresos de hasta cuatro salarios mínimos. Los hogares están conformados por un grupo de profesionales, estudiantes, meseros y  mensajeros, entre otros oficios.

Pobreza en aumento

 

Eduardo Tabush, especialista en financiamiento de vivienda en mercados, indicó que solo con poner un piso de cemento disminuye en 75% las visitas a centros de salud. También el niño que crece en una vivienda adecuada tiene 40% más posibilidades de avanzar en su nivel educativo.

Eduardo Aguirre, del Consejo Nacional de Vivienda (Conavi), señaló que un plan para reducir los índices de desnutrición debe ir acompañado de un mejoramiento de la vivienda. “De nada sirve tener una campaña contra la desnutrición, si el niño regresa a su casa con piso de tierra y paredes de adobe”, comentó.

Población urbana

 

El estudio de la Política Nacional de Vivienda y Asentamientos Humanos Propuesta 2020-2032 resalta que en los próximos años Guatemala enfrentará fenómenos demográficos.

El primero se relaciona con el crecimiento poblacional. Se estima que para 2032 la población total será de 22 millones. Ese mismo año el país experimentará un bono demográfico. Es decir, la mayor parte de la población será joven y buscará un lugar para vivir.

Otro de los aspectos a considerar es el acelerado proceso de urbanización que atraviesa Guatemala. Según proyecciones 12 años, el 80% de la población será urbana, lo cual hace que el tema de vivienda sea un punto crítico a resolver.

Asimismo, la mayor parte del déficit habitacional cuantitativo se concentrará en las áreas urbanas del país, principalmente en el área metropolitana de la Ciudad, donde se encuentra más del 72% de ese déficit.

Cruz, asesora de soluciones urbanas de vivienda de Grupo Progreso, señalo que la mayoría de la población que se encontraba en zonas rurales ahora está en zonas urbanas. “Es donde hay mejores oportunidades de empleo, desarrollo económico, comercial y educativo”.

Jorge Benavides, investigador asociado de Fundesa, indicó que la migración interna asociado con la urbanización evidencia que hay una fuerte presión por la construcción de nuevas viviendas en zonas urbanas.

“Esa es la razón por la que se dice que más que invertir en reducir el déficit cualitativo en las zonas marginales, es mejor construir nuevas viviendas para atender a este segmento”, agregó.

Entonces, surge la interrogante de cómo puede el país aprovechar este crecimiento urbano y que por medio de la vivienda se les dé a las personas un presente y futuro más digno.

Para Cruz, la solución en el área metropolitana son los apartamentos de vivienda vertical, debido a que la ciudad ya no tiene dónde crecer o dónde expandirse.

Trascender a un mejor lugar

 

En busca de mejorar y dignificar el estilo de vida del segmento bajo nació el proyecto Trasciende La Parroquia, inaugurado en mayo del año pasado. Este es el primer edificio de vivienda económica para promover la oferta a segmentos económicos denominados como C- y D+ dentro de la ciudad.

Aguirre aseguro que el proyecto se vendió en dos fines de semana, lo cual demostró la necesidad de este segmento de contar con ofertas de viviendas accesibles.

Víctor Cabrera, director de Integración Técnica de Proyectos (Intepro) señaló que una sociedad de propietarios es diferente a una que paga una renta. “La satisfacción, seguridad y confianza hacia el futuro y construcción de patrimonio, hace la diferencia en las sociedades”.

El proyecto desarrollado por Intepro ilusionó a 72 familias. El edificio de seis niveles no cuenta con elevador ni parqueo de carro para reducir los costos, solo cuenta con parqueo para motos. Además se ubica cerca de sistemas de transporte público, como el Transmetro.

Antes de este proyecto la vivienda social en Guatemala era vista de forma negativa, explica José Antonio Solares. “Las personas se imaginan que vivienda social es una casa con lámina, fea y pobre. No vemos una realidad más allá”, expresa al indicar que en países Latinoamérica, Europa y EE. UU. la vivienda social es vista de alta calidad y sostenible.

Trasciende se convirtió en el plan piloto para obtener conclusiones y aprendizajes de un nuevo modelo de vivienda. Meses después de la inauguración del proyecto, la Municipalidad de Guatemala aprobó el reglamento de MUVIS, que se trabajó en conjunto con la Asociación Centroamericana para la Vivienda (Acenvi), el Instituto de Hipotecas Aseguradas (FHA), y Cementos Progreso.

“Se aprobó Trasciende aun sin tener el reglamento, lo manejaron como un caso no previsto, porque no se tenía contemplado dentro del Plan de Ordenamiento Territorial (POT)”, explicó Cabrera.

Según el director de Intepro el POT no ayudaba a generar vivienda accesible por las restricciones y algunos requerimientos que elevaban los precios, alejando los proyectos de la capacidad de pago de las familias. “Nuestras mismas normativas excluían a muchas familias, les impedían el acceso a una vivienda”, aseveró.

Los MUVIS consisten en viviendas accesibles en términos de cuota, ya que su precio no puede superar los Q250 mil. Está dirigido a un segmento de la población que genera entre dos a cuatro salarios mínimos como ingreso mensual.

Los proyectos tienen que cumplir con las características de seguridad y calidad necesarias para mejorar el estilo de vida de las personas. Además deben estar localizados dentro del perímetro municipal para usar el transporte público y los servicios de agua y electricidad. El POT sugiere las zonas capitalinas 3, 4, 6, 12, 5 y 21 para estos tipos de proyectos.

Romper el ciclo de pobreza

 

La zona 18 de la Ciudad de Guatemala es considerada un áreas de “alto peligro”. En ese sector se ubica la colonia Paraíso II, uno de los asentamientos con más crímenes acumulados por el conflicto territorial entre las pandillas Barrio 18 y Mara Salvatrucha.

En el lugar los vecinos temen salir a su vecindario. Ahí vivieron por muchos años Álvaro, quien se dedica a la mensajería y su esposa Claudia, que trabaja en el IGSS, con sus tres hijos. Esta familia fue víctima de la violencia durante muchos años.

Claudia cuenta que tenían miedo de sufrir un asalto y sentían desconfianza de que sus hijos salieran a jugar por los múltiples riesgos. “Hasta que un día llegó un ángel a nuestras vidas”, narró Claudia al recordar un sacerdote que les informó del proyecto que se construía en la zona 6.

Así fue como llegaron al proyecto Trasciende La Parroquía. “Donde vivimos es una bendición. Estamos en un lugar en donde nadie se mete con nadie y los niños pueden ir tranquilos a la tienda y mi esposo a su trabajo”, relata Claudia.

Los beneficios que Trasciende llevó a la familia de Claudia han sido la cercanía a lugares de trabajo, la escuela donde estudia su hija, mercados y bancos. Además del transporte (Transmetro) que los ayuda a movilizarse de una forma más segura.

Tabush señala que una de las opciones que rompen el ciclo de pobreza es la vivienda urbana, con mayor acceso a educación, centros de salud, transporte público, comercio, trabajo, servicios básicos, electricidad, agua y saneamientos.

Juan Carlos Salazar, desarrollador y director de Urbop, dice que la vivienda social debe ayudar a prosperar a las personas. “Tienen que existir condiciones dentro del entorno para que la gente pueda subsistir y salir adelante. La vivienda digna no son las paredes de techo, sino las oportunidades que se generan alrededor”.

Además, la construcción de vivienda dinamiza la economía. Según Aguirre, por cada vivienda se generan tres empleos directos y cuatro empleos indirectos.

Vivienda y dignidad humana

 

Los expertos coinciden que la posibilidad de acceder a una vivienda digna sigue siendo uno de los principales problemas que afecta a miles de familias en Guatemala.

La vivienda es un elemento fundamental para garantizar la dignidad humana. Su falta o una vivienda sin calidad causa otras dificultades como como desnutrición, inseguridad y la falta de educación.

Es por ello que el déficit de vivienda necesita un nuevo enfoque no solo proveer vivienda y acceso a servicios básicos, sino también un acceso a atributos de la ciudad que resultan claves para el desarrollo social y la calidad de vida.

El entorno físico y social de la vivienda se ha transformado en un elemento tan importante como la vivienda misma.

A través de alianzas y trabajando en conjunto, se pueden mejorar las políticas para tener una estructura formal, que oriente a todos los sectores para dirigir en una sola vía y así empezar a reducir el déficit habitacional.

En opinión de Aguirre, “si todos trabajan de la mano y construyen 40 mil viviendas por año, en 12 años bajaría el déficit habitacional”. El reto es construir 600 mil viviendas para el año 2032.

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