Los 5 riesgos de comprar o vender una propiedad sin inmobiliaria

Tasación real y riesgos de estafa son algunos de los factores que evalúan compradores y vendedores a la hora de elegir o no el servicio.
Las inmobiliarias se cercioran de los antecedentes comerciales tanto de compradores como de vendedores. Foto: RODNAE Productions / Pexels

Comprar o vender una propiedad viene con letra chica. Hay muchos detalles y riesgos que vienen de la mano de una operación que involucra altas sumas de dinero. Tanto para quien quiere vender un inmueble como para aquel que busca comprarlo, la operación inmobiliaria lleva detrás muchos aspectos que no todos tienen en cuenta.

“En el sector vivienda generalmente lo que invierte el comprador suele representar el 80 o 90 % de todo su capital”, indica Leonor Achaval, directora de la inmobiliaria Achaval Cornejo, y de ahí la importancia de sopesar la contratación de un asesoramiento.

Existen diversos factores que intervienen en una operación, cada uno con sus ventajas, desventajas y riesgos para las partes que buscan cerrar la operación.

Al momento de decidir si contratar o no a una inmobiliaria, los principales beneficios para el comprador son conseguir mejores ofertas, tranquilidad y seguridad legal, menores tiempos de compra y negociación profesional ante ofertas de mercado.

“No contratar este servicio implica el riesgo de sufrir pérdidas de tiempo, dinero y de oportunidades. Para la parte vendedora, podemos enumerar como principales el filtrado de clientes, mayor difusión del producto, negociación profesional y comunicación eficiente”, enlista Martín Boquete, director de Toribio Achával.

1. Estado de la documentación

Uno de los conflictos más recurrentes en la compraventa de propiedades es la veracidad y la circunstancia de la documentación. La actividad no se reduce a unir comprador con vendedor, sino que también requiere que tengas conocimientos de temas legales y contables.

El riesgo más grande para las partes es la documentación que se firma, dado que hay se saben de casos donde hubo falsificación de documentación.

“Uno cree que la operación no trae compromisos y cuando la persona del otro lado no tiene buenas intenciones. Todos los mails que se cruzan pueden ir cerrando la operación de alguna forma y después resultan en algún juicio, dado que tienen valor legal”, indica Diego Cazes, director general de la inmobiliaria L.J. Ramos.

2. Riesgos

La recorrida de una casa implica que ingresen personas desconocidas a la propiedad. Foto: Pexels

Concretar una operación inmobiliaria implica mover grandes cantidades de capital, con los riesgos de seguridad que esto implica. Si las partes decidieran realizar la operación sin intermediarios.

“Cómo se garantizan de que si el vendedor se arrepiente de vender te devuelva la plata, o que venda varias veces el boleto de la propiedad?”, se pregunta Cazes.

La manera de asegurarse de no correr estos riesgos es que un elemento tan importante como la reserva lo guarde la inmobiliaria. De esa manera, se hace responsable de traspasar el dinero de comprador a vendedor o de devolverlo en caso de que la operación se caiga.

Más allá de la verificación de identidad, hoy en día hacer una operación inmobiliaria por cuenta propia es inseguro y hay cosas a tener en cuenta como por ejemplo si es en efectivo, dónde conviene hacerla.

A los riesgos del movimiento del efectivo se le suman los de abrir las puertas del inmueble para que los potenciales compradores — muchas veces completos desconocidos— entren a conocerlo.

Es bastante riesgoso meter gente en tu casa para mostrarlo. Cuando se contrata una inmobiliaria, va una persona que sabe cuánto tiempo lleva mostrar una casa. Para los malintencionados, es más fácil entrar a una casa donde se sabe que solo el dueño te espera”, expresa Cazes.

3. Difusión y exposición

Los dueños que prefieren vender sus propiedades por su cuenta pueden difundir estas entre sus conocidos, redes sociales e incluso publicarlas en páginas web en internet. Sin embargo, no cuentan con la red que tiene tejida una inmobiliarias con clientes, consultas y oferta disponible en el mercado.

“Las inmobiliarias llegamos más rápido a un comprador que un ‘dueño vende’. Tenemos más difusión y herramientas para alcanzar al cliente target que pueda desear una determinada propiedad”, analiza Cazes.

Eso se refleja en plazos de venta más cortos. En cambio, un dueño que vende por su cuenta tiene un recorrido muy largo hasta que todo el público comprador conoce su propiedad.

Además, como apunta Achaval, al llegar una nueva propiedad en venta, esta podría satisfacer viejas consultas que habían recibido poco tiempo atrás.

En otra línea, los desarrolladores también acuden a inmobiliarias para promocionar proyectos que todavía no están terminados. En este caso, el corredor inmobiliario suele participar desde el asesoramiento inicial hasta la concreción de las ventas.

“La inmobiliaria ayuda a los desarrolladores a encontrar candidatos y ayuda a los compradores a firmar una operación justa dado que el comprador no es un especialista”, asegura Boquete.

4. Tasación real

El conocimiento de mercado es un factor preponderante al definir el precio de venta de un inmueble. En general, el propietario tiene mucha ansiedad por cerrar la operación y no tiene la costumbre de vender inmuebles, lo que impide definir el precio competitivo para salir a comercializarse.

Es por eso que para el comprador, la tasación por parte de una entidad experimentada le da tranquilidad de que se va a poner sobre la mesa las posibles reparaciones y eso se refleja en la tasación.

“Sin asesoramiento, tal vez va y ni se da cuenta de que hay entradas de agua o cañerías para reemplazar”, añade el director general de la inmobiliaria L.J. Ramos.

Además, las inmobiliarias no verían conveniente invertir recursos en difundir una propiedad que está sobrevalorada y a la que le deban bajar su precio.

La comisión que se le paga a la inmobiliaria por gestionar la operación es uno de los principales factores por los que las partes prefieren negociar sin intermediarios. Foto: Kindel Media / Pexels

5. Comisión

Por temas económicos, las partes suelen preferir cerrar la operación sin intermediarios para evitar pagar la comisión a la inmobiliaria

Sin embargo, el asesoramiento es uno de los propósitos principales por los que la gente acude a las inmobiliarias. “El valor agregado es el del asesoramiento financiero y contable. Entonces, la comisión se va disolviendo entre la cantidad de cosas que se resuelven”, explica Leonor Achaval.

Por otro lado, si pese a todo se quieren asumir los riesgos y no contratar una inmobiliaria, probablemente los actores involucrados se vean obligados a contratar un escribano para legalizar la firma de la documentación.

El mayor problema que puede tener un cliente —sea comprador o vendedor— es no tomarse el tiempo para elegir a la empresa correcta. Es decir, no corroborar su trayectoria y quedarse con la primera opción o simplemente con el que me cobra menos o me tasa más alto”, concluye Boquete.

Con información de: El Clarín

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