Viviendas asequibles y para todos: el reto de la nueva arquitectura

La vivienda debería ser accesible, digna y adecuada pero también sostenible, saludable y de calidad. ¿Cómo se prepara el sector antes estos retos?
Viviendas de protección pública en alquiler en el barrio de Lavapiés en Madrid. Foto: Ciria Álvarez Arquitectos

La Unión Internacional de Arquitectos (UIA) va a celebrar en Madrid en mayo su congreso mundial. Del 18 al 20, expertos de diferentes países y diversos ámbitos se van a reunir para sentar las bases para lograr hacer una vivienda asequible.

Según la organización del evento, se han identificado las barreras comunes que impiden lograr este objetivo de una vivienda asequible.

A partir de ellas se ha hecho una declaración multilateral con capacidad para impulsar planes de acción locales con base en indicadores locales. Es decir, una agenda 2030 sobre vivienda a la que podrán sumarse todas aquellas organizaciones que lo deseen.

Ángela Baldellou, directora ejecutiva del Foro Internacional UIA 2022, indicó que plantean unas líneas de actuación basadas en sostenibilidad institucional.

«Vamos a identificar esas barreras, a analizarlas, a ver qué puntos en común tienen. Se han hecho muchas cosas, por lo que hay que hacer un ejercicio de sostenibilidad institucional para aprender de estas experiencias y plantear estrategias a largo plazo de impacto internacional», explicó.

Estas seis grandes barreras son: desajustes (establecer un equilibrio entre el tipo de vivienda que se requiere y el tipo de vivienda que se produce), políticas y regulaciones, financiaciones, diseño, promoción y producción, y propiedad y tenencia.

Durante el congreso, habrá miradas muy específicas sobre cada uno de estos retos y oportunidades, además de una mirada transversal desde la sostenibilidad social, económica y medioambiental.

La organización también creó un mapa en el que se pueden localizar todos los indicadores que afectan a la hora de hacer una vivienda asequible, con los casos de éxito de los 120 países que participan.

Cientos de años de vida

Baldellou asegura que la arquitectura llegó a desconectar de la sociedad. «Hace falta un proceso para definir cómo nos vamos a mover en las ciudades (para ir al colegio, al trabajo, a la compra) y cómo van a ser nuestras casas, parques y otras dotaciones», comentó.

Concluye que «todo eso es arquitectura», por lo que se debe recuperar que la sociedad se sienta partícipe de estos procesos porque «se construye para cientos de años».

La también directora del Observatorio 2030 señala el papel fundamental que juega, en la transición ecológica, la arquitectura que, junto con el sector de la construcción, es responsable de cerca del 40 % de las emisiones.

La directiva se muestra optimista sobre el impacto que tanto el congreso como la arquitectura va a tener en pos de la sostenibilidad.

«Estamos acostumbrados a trabajar desde compartimentos, pero hay que romper esas inercias. Hay que facilitar compartir conocimiento, datos, soluciones. Muchas veces encontramos soluciones innovadoras en donde menos lo esperemos. Simplemente, no las conocemos porque no había un sitio donde pudiéramos encontrarlas», reflexiona.

Una mirada local

Esta declaración de intenciones con la que se cerrará el congreso será un marco de trabajo base sobre el que luego se habrán de hacer adaptaciones locales.

Carme Trilla, presidenta de la Fundación Habitat 3 y una de las ponentes, considera que en España, y probablemente en el resto del mundo, el principal reto es resolver la discrepancia entre el coste de la vivienda y la capacidad de pago de las familias.  «Hay una gran discrepancia entre el incremento en el precio de la vivienda y la subida de los salarios».

Según sus datos, la gran burbuja inmobiliaria que vivió España hasta el año 2007 provocó que el precio de los pisos se incrementara un 300 %, mientras que los salarios lo hicieron en un 60 %.

Además, explica que aunque el crecimiento de la población se haya podido estancar, el tamaño de las familias también se ha reducido, lo que implica que se necesitan más hogares. A ello habría que añadirle el aumento de la esperanza de vida, por lo que hay más personas viviendo solas.

«Seguimos necesitando más viviendas aún sin crecer en población», expone. Y añade que esto es especialmente notable en las ciudades, porque ahí se producen más estos fenómenos sociales y reciben también movimientos migratorios.

Con información de: ABC

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