Las viviendas en Cuba se derrumban: ¿hay esperanza de reconstruirlas?

El 70% de las viviendas necesitan reparaciones y casi el 7% se consideran inhabitables.
La crisis habitacional en Cuba es quizás uno de los ejemplos más singulares de desigualdad urbana en el mundo. Foto: David Mark/Pixabay

La edad promedio de las viviendas en Cuba es de algo más de 75 años. Por su antigüedad y su bajo mantenimiento, unas tres de ellas se derrumban cada día. La crisis habitacional en la Isla es quizás uno de los ejemplos más singulares de desigualdad urbana en el mundo.

La nación ha tenido que atravesar una prolongada crisis habitacional de la cual todavía, al día de hoy, no se recupera. Esto ha generado que miles de cubanos tengan que vivir hoy en día en casas abandonadas o en refugios públicos.

Ante esta situación surgen numerosas preguntas: ¿cómo deben construirse las nuevas viviendas? ¿Deben repararse las estructuras existentes? ¿Se deberán revisar las leyes para otorgarles a los cubanos más autonomía en el proceso de propiedad?

Entender la raíz de la crisis de la vivienda en Cuba requiere un análisis pormenorizado de su tumultuosa historia y de una revisión específica de 1950, década en la cual la brecha de riqueza se agravó. Durante esta época, se estima que solo un 20% de la población consumía más del 70% de la electricidad, recibía el 60% de los salarios y poseía el 60% de los coches.

En 1953, casi tres cuartas partes de las residencias de Cuba estaban ocupadas por inquilinos. La demanda de vivienda logró borrar casi la estricta legislación cubana de control de alquileres que se introdujo menos de dos décadas antes.

Esto generó que, casi de la noche a la mañana, los bienes inmuebles cubanos se vuelvan inasequibles para los ciudadanos. Otra ley, que otorgaba a los cubanos facilidades para alquilar apartamentos se desestimó cuando los promotores extranjeros empezaron a construir nuevos condominios. Muchas unidades de alquiler fueron transformadas en inmuebles para la venta, a las que no se aplicaban las normas.

El deterioro de la vivienda en Cuba

Los defensores del socialismo y de la revolución cubana se apresuraron a resolver la desigualdad en el sector inmobiliario eliminando la vivienda como negocio y haciendo ilegales los desahucios. Las medidas llegaron incluso al nivel de nacionalizar todas las propiedades urbanas y construir miles de viviendas sociales con métodos extraídos del Plan Quinquenal de la Unión Soviética.

Estos edificios favorecieron la cantidad sobre la calidad, y la velocidad de construcción sobre la seguridad de los inquilinos. Los proyectos de vivienda se dividieron y distribuyeron entre propietarios privados vinculados al gobierno, lo cual generó que nadie se sienta realmente responsable de mantener los edificios en condiciones.

Los esfuerzos de restauración y conservación fueron llevados a cabo solo por los propios ciudadanos, pero al no tener ellos la capacidad de vender los edificios para obtener ganancias de capital a futuro, hubo pocas razones para hacer mejoras en los inmuebles.

Como resultado, las viviendas se deterioraron, se depreciaron en valor y Cuba volvió a encontrarse en la situación que tenía antes: una escasez masiva de viviendas, una población en rápido crecimiento y el deseo de que los turistas e inversores extranjeros regresaran.

Casas en venta

Históricamente, el mercado inmobiliario en Cuba funciona de una manera muy singular. En ciertos días pactados, los residentes se reunían en el Paseo del Prado y negociaban el intercambio de casas entre ellos. Desde entonces, esta práctica comenzó a desaparecer. En el 2011 se aprobó una ley que permitió a los cubanos comprar, vender, renovar y alquilar inmuebles para su propio beneficio.

Como resultado, muchos cubanos empezaron a vender sus casas, especialmente a inversores extranjeros que vieron en la isla un potencial crecimiento por su reciente boom turístico.

Para satisfacer la demanda de visitantes extranjeros, mientras se construyen nuevos hoteles y opciones de alojamiento, el gobierno permitió a los propietarios particulares alquilar sus habitaciones a los visitantes bajo un programa similar a Airbnb.

Estas “casas particulares” están marcadas con un ancla azul invertida, lo que permite a los lugareños y a los turistas saber que estos espacios están habilitados para alquilarse de manera temporal. De este modo, los cubanos reciben dinero y pueden comenzar a restaurar sus casas para luego, poder obtener un mayor margen de beneficio.

Ayuda insuficiente

El gobierno anunció un plan de acción que tendrá como objetivo el problema de la vivienda, financiando la construcción de más de 40.000 casas al año. Los detalles de este plan se estudian, pero es una medida que quedará obsoleta si la población crece.

Aunque esto es un paso, todavía no aborda gran parte del problema de la vivienda en Cuba, que es la baja calidad de las unidades residenciales. El 70% de las viviendas necesitan reparaciones importantes, y casi el 7% de las viviendas han sido consideradas inhabitables.

Para que la demanda se corresponda con el actual crecimiento de la población, Cuba necesita más de 300.000 nuevas viviendas. El futuro de Cuba sigue siendo incierto. Mientras la ola de inversiones extranjeras fluye y refluye, las políticas dictadas por el gobierno trata de adaptarse.

Muchas viviendas siguen en ruinas y pareciera que las medidas inmediatas son insuficientes para ayudar al pueblo cubano.

Cuba necesita un descanso para reajustarse y volver a dar prioridad a las necesidades de vivienda de su pueblo, antes de dejar que los complejos turísticos y los hoteles de lujo surjan por toda la capital como ha ocurrido en los últimos cinco años.

Traducido por: Belén Maiztegui

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